Ciertos alpinistas escogen un compañero de cuerda y convierten su relación en un matrimonio. La confianza absoluta lo preside todo en estos casos. Otros, en cambio, saltan de una pareja a otra adaptándose a sus circunstancias y a sus necesidades. La oportunidad de escalar un objetivo concreto dirige sus elecciones. Después están los que pudiendo escalar con unos y con otros, escogen escalar consigo mismo. Fue el caso del italiano Renato Casarotto, uno de esos genios cuyo apellido apenas dice nada a las nuevas generaciones, salvo las muy leídas. Y es también el caso de Colin Haley, un norteamericano al que podrían regalar la nacionalidad argentina. Ha pasado tanto tiempo en la Patagonia, que es un habitante más de El Chaltén y un profundo conocedor de los grupos del Cerro Torre y del Fitz Roy. La última de sus grandes ascensiones en solitario es un guiño y un homenaje al recuerdo de Renato Casarotto. Colin, como Renato, encuentra lo mejor de sí mismo en ausencia de testigos, en la soledad, en los monólogos interiores, en las esperanzas que no encuentran eco. Así firmó el norteamericano la primera en solitario a la Torre Egger, o la primera sin compañero y en invierno de la Supercanaleta al Fitz Roy, el año pasado. Tampoco le fue mal atado a un tipo como Alex Honnold, con el que cabalgó en apenas 20 horas y 40 minutos la cadena del Cerro Torre en 2016. “Renato Casarotto fue, en mi opinión, de los alpinistas más impresionantes de todos los tiempos y una enorme fuente de inspiración para mí”, escribía ayer en sus redes sociales el atleta de Patagonia y Scarpa.

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