Se sentó en la sala de prensa del Zalgirio Arena de Kaunas como si no acabara de ganar la Copa de Europa en su primer curso como entrenador principal del Real Madrid. Chus Mateo se ajustó las gafas y comenzó a estudiar la hoja de estadísticas. Parecía otro partido más entre los 78 de la temporada y no una majestuosa final contra el Olympiacos resuelta por un punto (78-79) con una canasta para la historia de Sergio Llull a falta de 3,2 segundos. El técnico descifraba rebotes, asistencias y robos de balón cuando a su lado el gigante comenzó a hablar. Abrazando el galardón de mejor jugador de la Final Four con sus interminables brazos, Edy Tavares lanzó una encendida defensa del preparador que tenía guardada dentro desde hace tiempo. “Tendríais que pedirle perdón”, pronunció el pívot de Cabo Verde; “ha soportado muchas dudas y críticas. Todos hablaban de otros entrenadores. Y deberíais darle todo el mérito de esta Euroliga. Si estamos aquí es por él, porque ha creído en nosotros. Ha tenido mucha confianza en sí mismo y en lo que podía aportar. Es el jefe. Se lo merece más que nadie y es una de las mejores personas que he conocido. Hay muchos alfas en este equipo y eso hay que gestionarlo”.

