Algunos momentos históricos se pegan como un chicle en la memoria y evocan para siempre el lugar que ocupábamos en ese instante. La gente alrededor, los olores, también si en la calle llovía, hacía calor o nevaba. Ocurrió con la caída de las Torres Gemelas o la del Muro de Berlín para algunos. El Mundial de España en Sudáfrica. El gol de Iniesta en Stamford Bridge. Esa noche se perdieron objetos. Gafas, paraguas. Saltaron vasos. Y, sobre todo, se construyó un recuerdo, lo único por lo que merece la pena vivir. Todo el mundo recuperó ese instante en la cabeza el miércoles, como si fuera un sortilegio secreto. Pero lo único que voló por los aires fue el espejismo del año pasado, según el cual el Barça de Flick podía volver a parecerse a aquello.

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