“Dominamos”, dijo Gregg Berhalter, “pero el fútbol es cruel”. El seleccionador de Estados Unidos abandonó el estadio Khalifa convencido de que su equipo lo había hecho todo bien. Impecablemente bien, tal vez, pero en momentos y en lugares irrelevantes para el desenlace del partido, conquistado sin sobresaltos por Países Bajos en el curso de una serie de emboscadas muy bien conducidas por De Jong, Depay, Gakpo y el percutor Dumfries.

