Es un detalle sin más, una anécdota. O no. <strong>Casemiro</strong> apareció en la sala de prensa del Olímpico de Helsinki con un mancha de sangre en la media. «No es nada, señales de la guerra», bromeó. Recogió el premio al mejor jugador del partido, habló de su presente en el <strong>Madrid</strong> ante la llegada de <strong>Tchouaméni </strong>y se fue. Pero antes de salir de la sala miró atrás, vio que había dejado la silla descolocada. Se dio la vuelta, la puso en su sitio y se marchó. No es más que un detalle, pero sí habla de cómo es <strong>Casemiro</strong>, ese chico que siempre ha dejado claro lo que para él supuso pasar por el Castilla.

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