Después de trepar por el exigente Colláu Fancuaya, Carlos Rodríguez (Almuñécar, Granada; 21 años) se subió al rodillo que le había preparado su equipo Ineos. Estaba agotado, pero un niño se le acercó para pedirle la foto y él no solo accedió, sino que cuando se marchaba le ofreció el botellín de agua que había utilizado. La sonrisa del niño fue tan sincera como la amabilidad del mailllot blanco de esta Vuelta, humilde, corredor en todos los terrenos, ciclista de presente y, sobre todo, de futuro.

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