Nuevo homenaje al balón suelto, el balón muerto en el área, el balón sin dueño que ha decidido tantos partidos, a menudo títulos. El balón que se queda solo un segundo, a la vista de todos pero sin control de nadie. Sobre ese balón, un balón tontísimo cerca de la portería, construí mi escandalosa carrera futbolística en las categorías inferiores del Portonovo, concretamente en el Juvenil B. Por eso, cuando Espí marcó en Cornellà-El Prat el gol del triunfo del Madrid, recordé el que marqué yo mismo contra el Vilalonga en un derbi de alto voltaje, y que celebré tanto que acabé con flato y pidiendo el cambio antes del descanso.

