Vencedor y, por tanto, finalista por primera vez del Open de Australia, Carlos Alcaraz señala con el dedo a la muchedumbre que abarrota la Rod Laver Arena de Melbourne, testigo otra vez de algo cercano a lo inverosímil. 15.000 personas se echan las manos a la cabeza. ¿Lo ha hecho? Efectivamente, lo ha hecho. Pero, ¿cómo demonios?, le pregunta en la entrevista Jim Courier. “Believing. Believing all the time”, responde feliz el número uno, simplificando. Como si fuera tan sencillo, tan fácil. En el fondo, al murciano, todavía un chico, no le falta razón: creer y más creer. Al parecer, el tenis (y tantas cosas) iba de eso.

