Disfruta la Chatrier de una suerte de recreo, del tú a tú de dos jugadores que compiten y, sobre todo, se divierten. Una delicia lo que se observa, detalles técnicos por doquier, puntos circenses y dos jóvenes cabalgando por toda la central como si no hubiera un mañana, a pecho descubierto. Le sobran formas a Lorenzo Musetti, un jugador escultórico pulido en Carrara y que perfectamente podría exhibirse en los Uffizi. Qué decir de Carlos Alcaraz, portentoso desde todos los ángulos: físico, técnico y, he aquí la diferencia entre uno y otro, también desde el plano competitivo. El colmillo que le falta a uno le sobra otro, de modo que prevalece la lógica y el español (6-3, 6-2 y 6-2 tras 2h 08m) desembarca en los cuartos de París. Sin un solo rasguño, pisa ya la zona franca del torneo.

