Es media mañana en Nueva York y Juanjo Moreno, el fisio y preparador que acompaña a Carlos Alcaraz en esta aventura del US Open, disfruta reconstruyendo el proceso que ha permitido al tenista sortear con nota la exigencia de un torneo crudo. Viene de jugar al parchís con el murciano, que todavía no se ha enfrentado en la semifinal a Frances Tiafoe –lo hace esta madrugada– y ha aterrizado en el club previo atasco durante el traslado desde Manhattan, cómo no. A sus 19 años, Alcaraz gana madurez a marchas forzadas y su realidad le exige seguir a rajatabla el estricto programa físico (científico incluso) que le ha ayudado a resolver episodios tan extremos como el de dos noches atrás.

