<strong>La España de los mil pases. Ese es el legado que vamos dejando por los Mundiales</strong>. En los entrenamientos, en los ejercicios de posesión, cada diez pases dados, se otorga un punto. Ya está. Seríamos campeones del Mundo. De sobra. En Qatar, el día 18, y en Rusia, hace cuatro años. <strong>Nadie tiene tanto tiempo el balón como España. Nadie es tan inocuo como España. Que no.</strong> Que no nos van a dar un punto por cada diez pases. No a la velocidad que jugó España contra Alemania durante muchos minutos, contra Japón, todo el partido, y <strong>ante Marruecos, ayer, haciendo de la horizontalidad una manera de vivir</strong>. Luis Enrique no ha engañado a nadie en la idea. El problema es que para ejecutarla hay que bordarlo. Xavi, Iniesta… Nostalgia. Vale para los guateques. No tenemos ya a aquellos tipos pero los jugadores de ahora tampoco son como para perder contra Japón y empatar de mala manera contra Marruecos. <strong>Un fallo multiorgánico, del seleccionador y de los jugadores, incapaces de interpretar un libreto que, por cierto, es arriesgado, nos llevó al desastre</strong>.

