La imagen de Ancelotti intentando dar unas instrucciones a Camavinga en pleno desconcierto en el Emirates y con Bellingham como de mediador fue más que significativa. Era la primera, pero hubo una segunda muy reveladora también. El francés se auto expulsó casi al final del partido al ver la segunda amarilla por desplazar un balón y se marchó al vestuario sin cruzar la mirada con su entrenador, que lo miró sin obtener respuesta.

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