Se acabó el esmoquin en LaVuelta. Tras el glamur inicial al más puro estilo del Gran Premio de Mónaco, toca arremangarse para sufrir en la montaña. La primera etapa en línea de la ronda española —la más maratoniana del curso, con sus 204 kilómetros y 3000 metros de desnivel— ofreció un terreno pestoso e implacable bajo un sol de justicia, como preámbulo del infierno que espera a orillas del Mediterráneo.

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