La noche se había puesto espesa para el Madrid, el Atlético empezaba a hacer caldo con la inestabilidad de los blancos y el público local torcía el morro con lo que veía. Un manto viscoso comenzaba a extenderse por la Castellana cuando el cuerpo menudo de Brahim Díaz desmontó la potente coraza de José María Giménez para anotar el 2-1. No pareció casualidad que los pies finos del hispano-marroquí y Rodrygo protagonizaran los goles blancos. “Ellos han sido los mejores”, aseguró Carlo Ancelotti, que dio por buena “la pequeña ventaja”.

