Un tipo de seguridad como un armario controla el acceso a uno de los pubs del centro de Boston. Vayas por donde vayas, las colas son kilométricas para entrar. «Espera un momento, por favor, no he visto nada igual en mi vida, no he visto beber así a nadie nunca», le dice cortésmente el de seguridad a un hincha escocés. Suenan las gaitas escocesas y el No Scotland No Party. Y es que mañana juega su país el segundo partido, de nuevo en Boston, ante Marruecos.

