En Qatar, Bélgica vive en un paraíso lejos de los murmullos de los hinchas que buscan cervezas en los hoteles y en las fan zones de Doha, en un lujoso complejo en la costa oeste, al borde del mar en Abu Sarma, el Hilton Salwa Beach: bungalows, jardines, caminos recorridos por cochecitos de golf que no van a jugar al golf y la costa saudí a golpe de vista al otro lado del agua. Pero el fútbol envenena paraísos, y el de Bélgica vive taciturno desde la decepcionante victoria contra Canadá (1-0) y preocupado tras la derrota contra Marruecos (0-2). El lunes por la noche ardió. Y Hazard y Courtois salieron este martes a echarle agua.

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