Dentro de muchos años, cuando todo esto sea desierto y los arqueólogos de nueva generación descubran los resultados de la actual Liga de Campeones garabateados en piedra —la piedra siempre viste, las modas siempre vuelven—, alguien debería hacerse la pregunta que ni Barça ni Atleti supieron plantear al comienzo de la presente temporada: ¿cómo saber cuándo demonios termina el verano? Mal asunto que el fin de fiesta te sobrevenga sin haber cambiado el armario: el adiós más abrupto y vergonzoso que uno pueda imaginar por cuanto tiene de ridícula la moda estival fuera de temporada.

