No se trata tanto de que ganemos nosotros como de que pierdan los demás. Ni de que seamos superiores como de que se humillen para reconocerlo. <strong>Ya había sorprendido en la resaca del Clásico que se dedicara mucho más tiempo y espacio a rajar de Xavi que a besar el suelo que pise Ancelotti</strong>… pero apenas amanecía: aunque se enfade el madridismo con estas líneas, siempre se enfada alguien, resultó curiosa esa misma noche, a vueltas con el Balón de Oro, tanta indignación con el tercer puesto como mejor equipo o con los de Courtois y Vinicius en la clasificación liderada por Benzema.

