El partido de las nueve y media parecía resuelto rondando las diez. Y lo había resuelto un ’10’, Álex Baena al aparato. Ejerciendo como falso ‘9’ por momentos, pero un ’10’ al fin y al cabo. El campeón del mundo, conviene atender a tal condición que parece haber transformado al muchacho, se había adueñado del Pizjuán desde el arranque, flotando por donde entendiera menester entre el centro del campo y el área del Sevilla, para liderar una carga que se tradujo en tres goles, nada mal para el equipo sin delanteros. Dos de ellos llevaron su firma, además, para que no le faltará de na’…

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