Juan Ayuso aún no ha cumplido los 21 años, pero, cuando su masajista amigo Paco Lluna, que ya tocó los músculos de Marco Pantani, y su cabeza, le abraza y le consuela, el rostro, reflejo del esfuerzo, todo compungido tras la derrota el ciclista del UAE que quiere ser Pogacar, aparenta 30, 40, la edad de un veterano, pues tanto ha vivido la última semana, tantas vidas, la muerte cercana, la euforia de la victoria en la montaña, la amargura de la victoria insuficiente en la contrarreloj, la pérdida del maillot amarillo en los últimos 16 kilómetros, la fe en la tecnología y los vatios, en el entrenamiento en la zona dos de moda, la desconfianza en el instinto, y luego, la desconfianza en la ciencia, la pérdida de la fe absoluta, y la memoria de los días de invierno en los que una lesión inexplicada en el tobillo le impedía entrenar, le hacía pensar que nunca se recuperaría. Experiencias que el 99 por ciento de los ciclistas no pasan en toda una vida. Todo un mundo, concentrado en 9s, los que le separaron tras ganar la contrarreloj de Saint Gall, del danés Mattias Skjelmose y la victoria final de la Vuelta a Suiza. 20 años y una fortaleza física que asombra.

