Era un partido de preparación, sí. Con aroma a partido de verano, también. Pero cuando España se pone a jugar al fútbol conviene no fijarse demasiado en la etiqueta del encuentro. Ante Irak, una selección mundialista, España volvió a demostrar, sobre todo en la primera parte, que es un buen equipo. Con la pelota fue ágil, dinámica y atrevida. Como siempre. Como si no hubieran pasado dos meses desde la última concentración. 

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