Hay muchos proyectos fallidos en la historia de la Fórmula 1. Es hasta una consecuencia lógica de las inversiones millonarias, la alta tecnología que confluye y el número limitado -sólo el ganador- de conceptos exitosos durante un curso. Algunos como Toyota invirtieron más de 400 millones por temporada y no pasó de 13 podios sin victorias. BMW, bajo la estructura de Sauber, apostó todo al cambio reglamentario de 2009 cuando estaba realmente cerca en 2008 y esa fue la tumba del proyecto. O McLaren, que se unió a Honda en 2015 y fue un fracaso de dimensiones bíblicas. Allí corría Fernando Alonso… Como también hace en un 2026 con Aston Martin con un inicio igual de dramático.

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