La calma tensa que precedía al partido se esfumó en un instante<strong>. Tras el pitido inicial, el Inter asestó dos golpes casi ‘mortales’ a sus vecinos de Milán y encarriló el camino a Estambul. </strong>La que sería su primera final de Copa de Europa desde 2010, cuando Mourinho aun corría la banda del Meaza. Las caras en las coloridas gradas de ‘La Scala del Calcio’ eran un poema y solamente los pocos miles de ‘nerazzurri’ presentes sonreían.<strong> Si Inzaghi dejó el terreno de juego satisfecho, Pioli lo hizo con la cabeza baja y aspavientos.</strong> No fue su noche. Ni la de sus jugadores.

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