Se invierten la gestualidad, cosa extraña. Reflejo, seguramente, de este presente en el que a Carlos Alcaraz no se le termina de ver del todo cómodo, tan risueño como siempre, pensando tal vez demasiado y fluyendo menos de lo que suele. Insatisfecho. Al otro lado, al pétreo Jannik Sinner se le dibuja una gran sonrisa porque motivos no le faltan. Cójase aire: se trata de su primer trofeo en Montecarlo, el tercero de la temporada y tercero también seguido, su cuarto Masters 1000 sucesivo, el 27º título de su carrera —desempatando así con el español— y que viene acompañado además de un sabroso punto de giro. De nuevo es el número uno y con la victoria (7-6(5) y 6-3, tras 2h 14m) lanza además un señor órdago. Esta gira será de igual a igual.

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