Nada. Cero. Espacio en blanco. <strong>La nada se define como ausencia e inexistencia de cualquier objeto</strong> o lo que es lo mismo, lo vivido por el aficionado blanco (porque el azulón buscaba lo contrario) en el Santiago Bernabéu. <strong>Carlo Ancelotti</strong> sacó un barco, con cuatro titulares desde el inicio y tres que salieron tras el descanso, <strong>rumbo a la nada más absoluta contra un Getafe</strong> necesitado de puntos por un descenso que cada vez aprieta más. La misión estaba clara: <strong>aguantar hasta el pitido final sin sufrir ninguna lesión entre las piezas más importantes del técnico italiano</strong>. Se tentó a la suerte en exceso y el resultado no fue siendo todo lo positivo que se podía esperar de un partido previo a la <strong>batalla de Mánchester</strong> en el <strong>Etihad Stadium</strong>. Un golpe de Camavinga en su maltrecha rodilla izquierda puso en apuros la tranquilidad del Real Madrid: «<strong>Se ha torcido un poco la rodilla, pero es estable y lo más importante es la movilidad. Le molesta la parte interna de la rodilla…</strong>», aseguró Ancelotti.

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