Ahora, cuando estoy escribiendo esto, vos no sabés nada de lo que te espera, nada del mundo en el que naciste. No sabés nada del fútbol y la alegría que invade nuestro mundo hoy, cuando empezamos la cuenta regresiva para jugar una final en la Copa del Mundo. Y yo no sé casi nada de vos. Hasta ahora intento descifrar lo que me querés decir cuando llorás o cuando me mirás o cuando movés tus bracitos y la cabeza al mismo tiempo o cuando sonreís sin saber todavía que te estás riendo. Faltan cuatro días para el día más feliz de nuestros días y, pase lo que pase el domingo, creo que la vida, dure lo que dure, es fuerte e inquebrantable, que te va a ir bien y que serás un niño que le podrá contar a todos sus amigos que vio a Argentina finalista de un Mundial y a un país desbordar de felicidad por un equipo de fútbol. Que lo podrá hacer leyendo estas cartas. Desde que nos enteramos de tu llegada, Gino —y planificamos la compra de esta televisión gigante en la que desde hace casi un mes sólo miramos fútbol—, la abuela repite que el mejor momento para una mujer es el embarazo y quiero serte sincera: no coincido en absoluto. A veces pienso que se debe a que la abuela nunca jugó al fútbol. Creo que no logra decodificar las emociones que pueden generar una gambeta como la de Lionel Messi a Josko Gvardiol. Vos no lo viste, pero quedate tranquilo que lo tenemos registrado para pasártelo una y otra vez: la resistencia a los manotazos para no perder el eje del cuerpo, el quiebre de cintura, el amague hacia un lado para después salir hacia el otro y el pase atrás, la solidaridad hecha jugada, para que Julián Alvarez marcara el gol. Evidentemente la abuela no sabe que, en este juego con pelota que nos apasiona, podés sentir electricidad en el pecho cuando mirás el pase magistral de Enzo Fernández a Julián Alvarez, una conexión de potrero entre dos jovencitos, para que uno, el delantero, arremeta, insista, no pierda el arco como objetivo y tenga también la dosis de suerte para llenarse la boca de “o”. La “o” de gooool, Gino, que ya aprenderás a cantar, la única vocal de la palabra monosílaba que estiramos y gritamos fuerte, bien fuerte, mientras vos dormís en el living de casa.

