Dicen que la cara es el espejo del alma. En el caso de Arbeloa, su rostro es el reflejo del gran momento que vive ‘su’ Madrid. Tras la seriedad del difícil inicio al frente del banquillo, ha llegado la sonrisa de comprobar que el trabajo está empezando a dar sus frutos. Una sonrisa de felicidad… y de alivio. 

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