El Real Madrid juvenil volvió a coronarse en Europa seis años después de haberlo hecho por primera vez con Raúl González al frente. Lo hizo en Lausana, en una Final Four que exigió hasta la extenuación. Primero una semifinal agónica ante el PSG resuelta en la muerte súbita, y luego una final contra el Brujas que siguió casi el mismo guion. Uno a uno en el tiempo reglamentario y los penaltis como jueces de una noche histórica que acabó teñida de blanco. Mientras el primer equipo acumulaba una temporada de sinsabores, La Fábrica devolvió al madridismo algo que llevaba tiempo buscando: la alegría de ganar en Europa.

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