A Mohammad al Shakhouri apenas le quedaban dientes el 12 de marzo de 2022, el día que lo condujeron ante el verdugo. Se los habían arrancado a puñetazos en los interrogatorios, según denunció Amnistía Internacional. Este ciudadano saudí, condenado a muerte por participar en una manifestación, y otros 80 hombres fueron decapitados con un sable en Arabia Saudí, el país que lleva dos semanas copando titulares. Y no por el mucho trabajo de sus verdugos, ni por los derechos pisoteados de las mujeres, personas LGTBI e inmigrantes, sino por el fichaje de Karim Benzema por el Al Ittihad, de la Liga local, a razón de 100 millones de euros por temporada, una cifra de otra galaxia [en el Madrid cobraba 12 netos] que solo encuentra competencia en ese rincón del planeta. Cristiano Ronaldo firmó el pasado enero por el doble con el Al Nassr, y Messi se acabó marchando al Inter de Miami (EE UU) pese a los 400 millones por campaña que le ofrecía el régimen para recalar en el Al Hilal.

