Una selección con nueve titulares del cuarto clasificado de la liga de Arabia Saudí se llevó por delante este martes a la Argentina de Messi. El fútbol es pasmoso, un hechizo como pocos. El fracaso albiceleste fue rotundo. Un equipo sin volumen de entrada y rudimentario cuando tuvo que remar ante una Arabia Saudí con mayor forro físico y una sobredosis de entusiasmo cuando en una avalancha nada más comenzar el segundo acto dejó sonada a la albiceleste. Un azote de época para el bicampeón sudamericano, sin margen alguno ante sus angustiosos duelos con México y Polonia. Al término del choque, en el imponente estadio Lusail —construido para la ocasión, al tiempo que una ciudad del mismo nombre— Arabia y su ruidosa y numerosa hinchada se sentían campeones del mundo. Del universo.

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