Resulta bastante sencillo explicar lo ocurrido en la final de la Liga Endesa. Desde el minuto uno del primer partido, el Madrid ha dominado la serie de cabo a rabo. Y punto. Tanta ha sido la superioridad blanca que el 3-0, el barrido como lo denominan en la NBA, se quedó a un tiro de Causeur y no habría extrañado a nadie. A diferencia de otras ocasiones, los antecedentes si resultaron premonitorios. Llegaba el Madrid en buena dinámica, muy seguro de sí mismo y con ganas de ofrecer el título a su entrenador.

