El gesto de Iago Aspas, caballeroso, gentil, en Balaídos, donde pidió a su equipo, el Celta, que no se ensañara con un rival que había perdido al portero y que caía ya por 4-1, también es una afrenta para un Valencia que hace no mucho era un grande y que ahora parece necesitar clemencia en plazas que antes le eran asequibles. El equipo de Mestalla ha sacado el calendario nuevo pero sigue igual que en las últimas temporadas: agonizando. El conjunto de Carlos Corberán empieza 2026 con los tobillos manchados por el fango del descenso (18ª posición). Otro año más, para desesperación de su hinchada.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *