Dos días antes de que Alemania disputase la final de la Eurocopa 2022 contra Inglaterra, a la portera Ann-Katrin Berger (Göppingen, Alemania, 34 años) le detectaron cáncer de tiroides. No era algo desconocido para ella: en 2017, mientras jugaba en el Birmingham City, le detectaron su primer cáncer tiroideo. Cinco años después, durante la concentración de la selección, una revisión rutinaria encendió las alarmas. Mientras Alemania avanzaba en el torneo, Berger pasaba pruebas médicas. Hasta que se confirmó la recaída. No se lo contó a sus compañeras de equipo; tampoco a las del Chelsea cuando regresó. “No quería irme a casa a esperar. Era agradable hacer algo y no sentir lástima de una misma”, explicó tiempo después a Sky Sports. Siguió entrenando, siguió compitiendo. Un mes después ya estaba defendiendo la portería del Chelsea. “Solo existe el ahora”, lleva tatuado en su cuello para tapar las cicatrices de las operaciones. Son las únicas marcas exteriores que quedan de su enfermedad. Las heridas invisibles las curó el fútbol. “Salvó mi salud mental”, aseguró. Y con su fútbol salvó a su equipo la noche del sábado en los cuartos de final ante Francia: fue la heroína parando un gol inverosímil en la prórroga y dos durante la tanda de penaltis en la que también anotó.

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