En la vida de Óscar Fernández no hay líneas rectas. Lo suyo ha sido siempre una carretera de curvas pronunciadas, de repechos que aprietan el alma y bajadas donde el vértigo hace dudar de todo. Fue un canterano del Racing de Santander que rozó el cielo muy pronto, pero que aprendió a fuego que la vida, como el fútbol, no se juega en línea recta.

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