En el sonido ambiente del Bernabéu hay un chivato que rara vez falla a la hora de medir la temperatura del Madrid: cuando la grada empieza a entonar “hay que ponerle huevos”. El cántico suele ser entonado con el mismo escaso interés que denuncian sobre el despliegue de sus jugadores; el resto del estadio puede que ni se percate de él, pero sirve de termómetro. Contra el Girona, se escuchó en el minuto 37, instantes antes de que quedara confirmado que los blancos andaban torcidos. El portero visitante, Paulo Gazzaniga, pegó un pelotazo hasta el campo contrario buscando a Valery Fernández, este le ganó por fuerza la pugna a Carvajal y cedió atrás para que Yangel Herrera hiciera el resto. El venezolano no tenía a ningún rival a 10 metros a la redonda y Courtois esperaba el tiroteo; sin embargo, el medio se hartó de fuerza y la estampó en el larguero. Una de las jugadas más viejas del fútbol había destapado al cuadro de Carlo Ancelotti.

