El reciente Gran Premio de Singapur fue, como ya es sabido, un bajón en las expectativas de Aston Martin. En el seno de la escuadra británica se miraba con optimismo a la pista del sudeste asiático, aunque siempre con cierta cautela. «Esperábamos meter, al menos, a un coche en Q2«, deslizó Mike Krack, su responsable en pista. Pero el listón de la zona competitiva se colocó en un lugar inalcanzable, y Fernando Alonso, su estrella, señaló al problema de toda la temporada: el motor. La evolucionada unidad de potencia de Honda no respondió como el piloto quería y el asturiano no se cortó en ningún momento para hacerlo ver.

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