Fernando Alonso siempre ha hecho las cosas a su manera, circunstancia que le ha reportado grandes éxitos con un volante en las manos y menos fortuna cuando ha tenido que conducir su futuro. La mayoría de voces autorizadas que cohabitan dentro del paddock de la Fórmula 1 coinciden al definir, cuanto menos como sorprendente, que un tipo con la descomunal habilidad del español solo cuente con dos títulos de campeón en su hoja de servicios. A sus 41 años, ese parámetro difícilmente cambiará si tenemos en cuenta que en 2023 correrá enfundado en el mono de Aston Martin, el coche que este domingo concluyó el séptimo en la clasificación reservada a los constructores, después de terminar su tercer capítulo en Renault (Alpine), que lo hizo como el cuarto.

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