En otra época, en otro equipo y con otra edad, Fernando Alonso se habría largado este domingo de Arabia Saudí soltando fuego por la boca y despotricando contra la Federación Internacional del Automóvil (FIA), y muy probablemente también contra su escudería. La doble sanción que recibió el corredor de Aston Martin le despojó del que habría supuesto el podio número 100 de su hoja de servicios, tras una carrera en la que se las apañó para maximizar el potencial de su coche, al que llevó a cruzar la meta justo por detrás de los Red Bull de Checo Pérez, el ganador, y de Max Verstappen, el segundo. La FIA borró el podio de las estadísticas del español, pero no pudo borrarle la sonrisa al terminar una prueba que definitivamente posiciona al AMR23 como el segundo mejor monoplaza del momento, solo por detrás de los búfalos rojos, absolutamente inalcanzables. Esa satisfacción por lo conseguido hasta ahora, pero también por las perspectivas que se dibujan por delante, le hicieron abandonar el paddock del circuito de Yedda mucho más dicharachero de lo que cabría esperar en alguien que acababa de ser abofeteado dos veces.

