Todos los focos del comienzo de la acción del Gran Premio de Hungría se colocaron sobre Aston Martin y su prometida mejora. Con cautela siempre, pero con cierta ilusión tras uno de los inicios más decepcionantes de la historia de la Fórmula 1. «¿Nos hará ganar? No, desgraciadamente. Pero llegaremos a un punto de decencia», lanzó su ideólogo, Adrian Newey. Era un discurso realista que la pista enseñó tras un viernes que no dispara a Fernando Alonso, pero sí que le permite competir (19º a 2,990). La victoria, claro, queda reservada a favoritos como una Ferrari que dominó los libres con Lewis Hamilton (1:18.729) y Charles Leclerc (a 0.148).

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