Hay pocos trayectos con más trampas para quienes trabajan en el paddock del Mundial de Fórmula 1 que el que lleva hasta el circuito de Marina Bay, en Singapur. El tremendo calor, combinado con una descomunal humedad, lleva a los organizadores a dibujar una ruta laberíntica que culebrea por las galerías y centros comerciales de la ciudad, donde uno puede disfrutar del aire acondicionado y llegar al trazado en unas condiciones mínimamente presentables, después de perderse tres o cuatro veces.

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