Úbeda, Baeza, en febrero, Machado, “estos días azules y este sol de la infancia”, y Alejandro Valverde, que fue, podría decirse, el sol del pelotón, y sigue siendo un niño, su mirada ilusionada siempre, un exciclista camino de los 43 años que sube una tarde a cinco corredores jóvenes en su coche en Murcia y los lleva hacia los olivos contándoles historias de ciclismo sin parar, y sale en bicicleta con ellos, recorre los caminos, y sigue hablando. Y está tan bien, le ven tan fuerte, tan fino, que le dicen, pero, Bala, tendrías que correr tú, seguro que ganabas, total hace nada estabas ahí.

