Nada hacía imaginar que Aleix Espargaró terminaría el GP de Cataluña sumido en un llanto desconsolado. En un fin de semana casi impecable, el de Granollers, segundo en el Mundial a solo ocho puntos de Fabio Quartararo, había dejado buenas sensaciones desde los primeros entrenamientos libres. El sábado, en la clasificación, consiguió la pole por escasas centésimas y, confiado, afrontaba la carrera del domingo como su gran oportunidad para tomar las riendas del campeonato. Pero todo se truncó. A una vuelta del final, cuando el de Aprilia cruzaba la línea de meta en segunda posición, ya sin opciones de victoria, soltó la maneta del acelerador y comenzó a saludar a los aficionados presentes en Montmeló. En el box no se lo podían creer. “¡Se pensaba que ya había acabado y queda una vuelta!”, gritaban en la retransmisión de DAZN. Más de veinte segundos después, al ver que sus rivales no bajaban el ritmo, Espargaró agachó la cabeza y volvió a acelerar. Demasiado tarde. Perdió todas las opciones de ser segundo y, tras adelantar a Luca Marini en la última vuelta, la de verdad, pudo terminar quinto.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *