Durante las últimas navidades, los ojos ajenos captaron en la Real Sociedad Club de Campo de El Palmar una escena que, por más que fuera ya conocida, ofrecía pistas. En las imágenes, Samuel López, el nuevo técnico de Carlos Alcaraz, suspendía una canasta a unos tres metros de altura para que el jugador —clasificado para los cuartos de final del Open de Australia, después de batir a Tommy Paul por 7-6(6), 6-4 y 7-5, en 2h 45— ensayase la postura del lanzamiento de la pelota. Es decir, el técnico y el número uno estaban urdiendo algo, y ese algo se ha materializado estos días en Melbourne, campo de experimentación.
UN BRAZALETE PROHIBIDO
Cabe recordar que Djokovic decidió buscar un nuevo patrón en el servicio a raíz de la lesión en el codo que le obligó a pasar por el quirófano en enero de 2018. A partir de ahí, el serbio apostó por una ejecución lo más relajada posible.
En la recta final de su carrera, Rafael Nadal (1,85) también innovó en busca de mejores resultados y de preservar lo máximo posible su físico. Concretamente, el mallorquín redujo el salto y fabricó un golpeo más directo, menos liftado.
Ahora se renueva el joven Alcaraz (1,83), quien intenta aprovechar todos los recursos disponibles en busca exprimir todo su potencial. Sin ir más lejos, este domingo saltó a la pista con un brazalete que mide rendimientos, pero la jueza se lo prohibió, siguiendo las reglas.
El reglamento especifica que en el transcurso de la competición no pueden utilizarse dispositivos tecnológicos y personales que transmitan información a los componentes de su banquillo.
Por otra parte, el estadounidense Learner Tien volvió a eliminar (6-4, 6- y 6-3) al ruso Daniil Medvedev, como hace un año, y en el cuadro femenino, Elina Svitolina apartó del camino a la rusa Mirra Andreeva (6-2 y 6-4).

