Esta vez, el paisaje es muy diferente. Lejos de las apreturas y los sudores del primer día, Carlos Alcaraz divisa enfrente a un doblista de raza que va deshaciéndose como un azucarillo conforme el español pega duro e impone el ritmo desde de la línea de fondo. Es un entrenamiento a ritmo de competición: 6-2 y 6-1, en 1h 03m. De nada le sirven al italiano (317º del mundo) esas intentonas en la red ni las maniobras a la desesperada, así que el duelo transcurre en línea recta, en esta ocasión sin altibajo alguno. Pura diversión. Autopista para el murciano hacia los cuartos de final de Róterdam, en los que se medirá este viernes con el vencedor del encuentro entre Pedro Martínez y Holger Rune.

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