Tienen París y el aficionado lo que querían, el duelo con el que soñaban. Cartelón y luces de neón en el Bois de Boulogne, en donde todo el mundo se frota las manos ante la que se avecina. Aquí está, este viernes: Carlos Alcaraz contra Novak Djokovic, la spécialité de la casa. El mejor plato posible. Se adivinaba tras el sorteo la gran colisión y uno y otro han ido cumpliendo a rajatabla, firmes ambos y decididos a encontrarse. Sin temor. En juego, el ayer, el hoy y el mañana. La inmensidad de la vieja guardia frente al arrollador éxtasis centennial del número uno, quien de camino al próximo duelo se marca un monólogo, otro palizón, un recital que entierra al griego Stefanos Tsitsipas (6-2, 6-1 y 7-6(5), tras 2h 12m) y le guía hacia su primera semifinal en Roland Garros, la segunda en un grande. Y la pregunta es: ¿Hay alguien capaz de frenar al torbellino de El Palmar? Tal vez pueda ser el viejo Nole, expuesto a sus 36 primaveras a un cara o cruz que podría dictar sentencia: el tenis escribe una nueva página.

