Menuda desilusión nos llevamos los aficionados españoles después de haber depositado nuestra confianza en la victoria en semifinales de Carlos Alcaraz. Unas inoportunas molestias físicas impidieron al jugador murciano luchar para alcanzar su segunda final de Grand Slam y por su primer título en París. El jarro de agua fría nos cayó encima en el 1-1 del tercer set, cuando vimos a Carlos detenerse y reclamar asistencia médica. Supimos, al poco tiempo, que el problema eran unos calambres en las piernas, en primer lugar, que se le fueron trasladando a otras partes del cuerpo, después. Yo creo que la causa de los mismos fue más fruto de la tensión que de la dureza o la duración del encuentro.

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