La tarjeta de presentación de Carlos Alcaraz en la pista central de París llega a su manera, fiel a su estilo, en forma de pepinazo. El primer pelotazo del murciano en la Philippe Chatrier marca 200 kilómetros por hora e impacta contra un sexagenario que lo encaja imperturbable, quizá sin ser del todo consciente de que se llevará una moradura histórica a casa. Es la huella genuina de Alcaraz el relámpago, la derecha más demoledora del circuito en estos momentos. El estreno contra el argentino Juan Ignacio Londero se resuelve por la vía del oficio (6-4, 6-2 y 6-0, en 1h 51m) y deja un poso de jerarquía: abran paso, que aquí estoy yo, viene a decir el chaval.

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