Ahí un hombre orgulloso que escucha al hijo y le lanza un beso, barrera rota: atrás quedaron los cuartos, bienvenidas sean las semifinales de Australia. “Tener este tipo de experiencias era el sueño de mi padre, así que estoy feliz”, dice Carlos Alcaraz, montado sobre unas botas de Michael Jordan después de haber batido a Alex de Miñaur (7-5, 6-2 y 6-1, tras 2h 15m) y haciendo molinillos con la raqueta delante de 15.000 personas y la cámara. Está en su salsa. Empuña el móvil y graba. Lo celebra. Por delante, un luminoso territorio y Alexander Zverev, superior en el turno previo a Learner Tien (6-3, 6-7(5), 6-1 y 7-6(3).

