A seis meses del Mundial de Qatar, la vulnerabilidad defensiva se mantiene como el gran talón de Aquiles de España. Asociada a la necesidad de asumir riesgos que conlleva la atrevida propuesta de Luis Enrique, la endeblez mostrada en el Sinobo Stadium de Praga fue preocupante por la clarividencia con la que centrocampistas y atacantes checos ejecutaron su plan en los contragolpes. El primer gol fue una muestra de ello. Más allá de que Carvajal interpretara a destiempo el momento de tirar el fuera de juego, llamó la atención que fueran dos delanteros los que rompieran de inmediato a la espalda de Eric García e Íñigo Martínez. Ya en la primera jugada, Chequia había forzado un córner con un balón a la espalda de Marcos Alonso. Era un plan premeditado por el seleccionador checo, Jaroslav Silhavy, que dio muestras de tener muy estudiado cómo hacerle daño a España. “La táctica fue acertada, aunque haya a quien no le guste jugar a la defensiva. Fue sensacional, mis jugadores se lo trabajaron”, se jactó el técnico checo. “Sabíamos que íbamos a jugar mucho sin el balón, pero también que tendríamos ocasiones de contraataque porque el míster nos insistió en ello”, confesó Pesek, autor del primer tanto de la selección local.

