Lamine recibió, levantó la cabeza y puso el balón directamente en la escuadra para hacer el 1-0. Sin carrerilla, sin aparente esfuerzo, sin darle importancia. En el minuto 6. El crack de la selección cada día se parece más a Messi a la hora de hacer que lo extraordinario parezca sencillo. Juega como el chaval que se sienta a jugar con la Play y sabe que puede hacer lo que quiera con los botones. Regatea, acelera, frena y coloca la pelota donde quiere. España, y esta es una de las principales diferencias con los campeones de 2010, tiene un futbolista único.

